Es tan fácil escribir desde el sentimiento.
Soy una storyteller por naturaleza. Veo la vida como una secuencia de escenas con música de fondo y transiciones especiales. Desde pequeña hacía videos con mi papá. Desde pequeña aprendí a ver los matices, a encontrar historias y darles vida.
A veces nadie nota las historias maravillosas que están ocurriendo. Pero mi corazón sí. Mi alma empieza a darles forma, porque contar historias es mi naturaleza.
Más adelante me formé en relaciones públicas, y eso me dio una óptica aún más amplia… el más allá de lo que se ve, de lo que se dice.
Pero… ¿cuándo descansan el corazón, el alma y la mente?
Quienes tienen una mente creativa me entenderán: cuando tengo que resolver algo, hasta sueño con eso.
Y ahí, en ese torbellino mental, vuelvo a una verdad antigua, poderosa y constante.
El salmista, posiblemente David, escribió el Salmo 62 en un momento de presión, traición y espera. No era la calma lo que lo rodeaba, era el caos. Personas que fingían amistad pero tramaban su caída. Situaciones que parecían injustas. Sin embargo, en medio de eso, escribió:
«En Dios solamente está acallada mi alma; de Él viene mi salvación.»
— Salmos 62:1 (RVR)
«Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi salvación. Solo él es mi roca y mi salvación; él es mi refugio, ¡jamás caeré!»
— Salmos 62:1-2 (NVI)
David sabía que había muchas voces — internas y externas — pero eligió callarlas todas menos una: la voz de Dios. Eligió confiar.
Yo también estoy aprendiendo a hacer eso.
A callar las demás voces y escuchar solo la que da paz.
La que me recuerda quién soy, y en quién puedo descansar de verdad.
