Votos a mi esposo en nuestros 20 años


Por Raquel López

Hace 24 años y pico decidimos comenzar una historia de dos que, con el tiempo, se convirtió en una vida compartida. Hace 20 años dijimos “sí” frente a Dios y frente a tantos testigos, sin saber lo mucho que ese “sí” nos iba a transformar.

20 años. Suena a mucho, y sin embargo, parece que aún estamos comenzando. Cada vez que despierto a tu lado, me doy cuenta de que sigo eligiéndote. Que sigo aprendiendo a amarte. Que cada día juntos es un nuevo acto de fe.

Amar en medio de rutinas, presiones, agendas y silencios no siempre es fácil. Pero descubrimos que el amor también se cuida con pequeñas dosis de gracia. Imagino un frasquito con el nombre “tolerancia”, que dice: “añadir tres gotitas diarias”. Y claro, con advertencia: debe aplicarse de ambas partes. Si no, no hace efecto.

Nuestra relación no ha sido de cuentos de hadas. Ha sido real. A ratos intensa, a ratos desgastante, muchas veces hermosa. Hemos aprendido a navegar en aguas profundas, y aunque algunas corrientes han sido difíciles, sobre todo adaptarme a un mundo eclesial que me costó muchísimo, …  aquí estamos. A veces perdida, a veces fuerte, a veces confundida, pero siempre contigo.

Los demás muchas veces nos ven como un referente, y me esfuerzo en mostrar la parte humana, la que no siempre se ve. Porque amar también es callar, ceder, perdonar, esperar. Porque hay días en que hemos apagado la llama de Dios entre nosotros y sin embargo, Su misericordia ha vuelto a encenderla.

Y volvemos, entonces, a nuestra canción: Aquí estamos, de Marcos Vidal.

No sabíamos al inicio cuánto nos representaría. Pero con el pasar del tiempo se convirtió en una especie de espejo. Porque ese “aquí estamos” es mucho más que estar físicamente. Es la declaración de dos que han elegido permanecer. Leyendo el libro de Marcos Vidal me encontré con esto en la introducción:

“Treinta y cinco años más tarde, sigo sin saber muy bien qué ha pasado durante todo este tiempo y me sigue asombrando ver que seguimos aquí teniendo que reconocer que hay cosas que han cambiado mucho y hay otras que no han cambiado nada.
En realidad, ha cambiado todo porque es otra sociedad, otro tiempo, otras circunstancias, otra edad como dice la canción, con algunos años más y alguna herida, pero, por otro lado, no ha cambiado nada porque también seguimos aún en pie y luchando día a día, anhelando ver a Jesús…”*
— Marcos Vidal, autor de la canción y el libro “Aquí estamos”

Esa cita es nuestro eco. Nos habla y nos retrata.

Y así me siento yo hoy. Asombrada.
Preguntándome: ¿dónde está anclada nuestra relación? ¿Está ese ancla bien cuidada? Porque no depende de cuán elocuentes seamos, ni del dinero, ni del conocimiento. El mantenimiento del amor no se delega. Requiere acción. Requiere intención.

¿Y Dios? ¿Cuánto espacio le damos en nuestro barco? ¿Lo llevamos como timonel, o como pasajero? ¿Nuestra espiritualidad se basa en el ministerio, o en una relación cultivada en lo íntimo? ¿Nos seguimos cultivando el uno al otro?

Una relación de 20 años necesita más que amor romántico. Necesita decisiones diarias.
Como dice Eclesiastés, “mejor son dos que uno… porque si uno cae, el otro lo levanta.” Y tú «Eliezer» me has levantado tantas veces. Y yo, con la fuerza que me queda, he intentado levantarte a ti.

Hemos caminado juntos sin jerarquías ni etiquetas. En un hogar donde ambos conducimos la barca, dependiendo de las tormentas o los cielos despejados. Y aunque a veces el timón lo tienes tú, porque mis emociones están revueltas, también he aprendido a tomarlo yo, sin miedo, con confianza, sabiendo que el sometimiento bíblico no es desigualdad, sino respeto mutuo.

Hoy no le temo al futuro. Lo miro con esperanza. 

Porque no hemos caminado en vano.

Y porque cada memoria que hemos creado se convierte en combustible para los años que vendrán.

Racheli llegó hace 14 años y nos cambió para siempre. Ella es parte de este “aquí estamos”. Es nuestra risa, nuestro agotamiento y nuestro milagro.

Y por todo eso, hoy solo puedo decirte:

Gracias.
Gracias por no soltarte de mi mano.
Gracias por estar.

Aquí estamos.

Sin entender del todo cómo llegamos, pero sabiendo que no llegamos solos. Que Dios ha sido nuestro sustento. Y que mientras Él siga en medio de nosotros, siempre habrá camino por andar.

Con todo mi amor,

Raquel


4 respuestas a “Votos a mi esposo en nuestros 20 años”

Deja un comentario