Un tributo a mi abuelo Joaco de 95 años, que soñaba con YouTube, pero terminó inspirando el cielo.
Mi abuelo Joaco me dejó una petición, una especie de asignación gigantesca: quería que registrara sus canciones y las subiera a su canal de YouTube para que se hicieran virales.
Desde Texas me llamaba para preguntarme cómo podía monetizar sus canciones en Youtube.
Hace un tiempo le grabé, acapela, sus nuevas composiciones en inglés, porque quería explorar ese mercado también. Siempre soñaba con más. Con aprender. Con dejar un legado de composiciones.
El 11 de octubre de 2025, mi mamá me llamó para decirme que el abuelo se había mudado de esta tierra, de manera abrupta y repentina.
Todavía lo digiero.
No lo veía físicamente hacía un año.
Habíamos hablado hacía unos días, y yo planificaba visitarlo de sorpresa en los próximos meses para completar las grabaciones.
Me queda la sensación de que no se ha ido.
Guardo sus canciones escritas en hojas fotocopiadas por él mismo.
Guardo las armónicas que, con tanta esperanza, pensó que por fin una nieta aprendería a tocar.
Guardo las conversaciones sobre la vida, los cómics, las hazañas…
y la certeza de que este ser humano tan increíble fue un regalo que Dios me permitió disfrutar más intencionalmente en la última década.
Y se me fue, a diez meses de la partida de mi abuela Tita.
Quizás no he encontrado todavía el espacio para manifestar lo que significa para esta nieta tener tres superabuelos y, de repente, perder a dos en menos de un año.
Ahora me queda una abuela, con quien comparto cada semana.
A quien admiro profundamente.
Cuidar y procurarlos ha sido un verdadero privilegio.
El legado de cada uno llega directo al corazón.
Le pido a Dios que me dé palabras para procesar este vacío,
y fuerza para seguir honrando la vida y la música que mi abuelo soñó compartir con el mundo, aunque no se haya hecho viral.
Porque al final, llegó a los 95, pero no se fue viral… se fue para el cielo.
Te voy a extrañar abuelo, siempre fuiste especial porque nunca fuiste igual a los demás.
