Segunda de mis cinco reflexiones durante el Lola Challenge Weekend
Durante el Lola Challenge Weekend, cada kilómetro me recordó que hay muchas maneras de llegar a la meta. Este evento no solo reúne corredores, sino historias: personas que cargan procesos, pérdidas, sueños y nuevas oportunidades.
Hay un “deporte” no oficial en las carreras: a ese le he puesto el deporte de presumir. Caemos en la tentación de presumir el mejor reloj, los mejores ‘tennis’ de marca, el cuerpo más fit o el tiempo más impresionante. Y a veces, sin darnos cuenta, convertimos algo tan humano como correr en una vitrina.
Con los años entendí que lo que hacemos puede inspirar o intimidar. Podemos ser motivación o muro para otros. Podemos hacer que alguien quiera intentarlo, o que crea que nunca estará “a la altura”.
En esta carrera me quedó claro que no se trata de ser el más rápido o el más visible, sino de reconocer el valor del otro.
- Liz López corre empujando el coche de su hija Summer Márquez, quien quedó en silla de ruedas tras un accidente en 2016. Verlas juntas es presenciar cómo el amor transforma el dolor en esplendor y vida.
- Melanie Valdés va en su silla de ruedas con fuerza y dignidad, y su esposo detrás en una bicicleta recordándonos que la meta no siempre se cruza corriendo, sino con determinación y actitud.
- Dominic Lugo, un corredor legalmente ciego, participó y obtuvo el primer lugar en la categoría adaptada con un acompañante que lo ayudaba desde una bicicleta. Su carrera nos recordó que no todos vemos el camino, pero sí podemos confiar plenamente en quien nos guía.
Algo hermoso del Lola Challenge es que, aunque siempre se aplaude al primero que llega, también se celebra con el mismo entusiasmo al último que cruza la meta. Porque esto se trata de valentía. No importa si llegas primero o último: todos tenemos una historia, un peso, una cruz que cargamos mientras avanzamos.
“No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.”
Filipenses 2:3 (NTV)
Y mientras veía a tantos llegar, recordé también las palabras de Jesús:
“Si alguno quiere ser mi discípulo, debe negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirme.”
Lucas 9:23 (NTV)
Cada uno corre cargando algo: una pérdida, una enfermedad, un cansancio, una temporada difícil. La mía también estaba pesada. Pero sigo aprendiendo que cargar mi cruz no me puede detener; me tiene que humanizar. Me recuerda que no corro sola, que todos llevamos algo, y que aún con peso, podemos llegar.
Así que la próxima vez que vaya a una carrera, no quiero correr para mostrar, sino para inspirar. Para acompañar, y recordar que cada pisada tiene valor, sin importar el ritmo ni la forma en que llegues.
Corro con mi propia cruz.
Y aun con peso, sigo creyendo.
