Cuando el playlist de la música se apaga y solo queda escuchar tu propia voz
Hay un momento, justo alrededor de la milla dos, en que la mente empieza a preguntarse: “¿Por qué estás haciendo esto?”
Es ese instante donde las emociones y la respiración se debaten y te das cuenta de que no tienes más remedio que calibrar el pensamiento con el corazón para seguir adelante.
Esta vez, mis audífonos se dañaron justo antes de la salida de la carrera en el Lola Challenge. Sin música, sin ese acompañamiento que me ayuda a marcar el ritmo. Me tocó correr 21 kilómetros escuchando el sonido de mis propios pasos: el chapoteo de los zapatos mojados por la lluvia, algo que detesto, pero que esta vez fue gracias a un aguacero que se vino antes de iniciar la carrera.
Entre el ruido de mis pisadas y el silencio del alma, me encontré con mis dudas, mis límites y la confianza en mi cuerpo, aunque no se hubiera preparado como debía. Fue una conversación conmigo misma. Al final, lo que pasaba a mi alrededor dejó de ser obstáculo y se convirtió en parte de la experiencia. No porque el sonido de mis zapatos mojados fuera bonito, sino porque aprendí a valorar la confianza en mí misma, y celebrar el hecho de haber retomado, incluso sin la preparación perfecta.
Siempre he tenido mis playlists favoritos para caminar o correr. Pero hay momentos en los que los audífonos se apagan (literal o simbólicamente) y te quedas sin ese acompañamiento externo. Sin las voces de otros, ni los ritmos que te distraen.
Y es ahí donde realmente te encuentras contigo mismo. En ese silencio, dejas de alimentarte de las experiencias ajenas y empiezas a escuchar tu propia voz. Es el espacio donde el alma se afina y comienzas a descubrir la melodía que solo tú puedes crear.
En la carrera de la vida, no todo se trata de escuchar las canciones de otros. También se trata de escribir las nuestras, de darle letra y ritmo a lo que vivimos, incluso cuando el silencio parece incómodo.
Así que este escrito es un recordatorio: cuando el playlist se apaga, tal vez es el momento de escuchar la música que llevas dentro.
