Por Eliezer Ronda
Hay épocas del año que nos obligan a bajar el paso, mirar alrededor y preguntarnos qué realmente importa. La Navidad es una de ellas. No importa cuánto cambie el mundo, cuánto se complique la vida o cuántos retos traigamos cargando… esta temporada siempre nos regresa a lo esencial: la familia, la fe y el amor que nos sostiene.
En medio del ruido; las compras, los cierres de año, las presiones, las expectativas, corremos el riesgo de olvidar lo simple. Las familias no necesitan perfección. Necesitan presencia, tiempo y escuchar un “aquí estoy”, aunque a veces las fuerzas no den para mucho más.
He aprendido algo que repito una y otra vez: la gratitud es medicina. No elimina los problemas, pero nos cambia la mirada. Cuando practicamos la gratitud, aun lo pequeño se vuelve suficiente. Una comida sencilla, un abrazo inesperado o hasta una conversación de cinco minutos, todo se transforma en un recordatorio de que Dios sigue caminando con nosotros.
Navidad también es acompañar las ausencias
Aunque esta temporada suele pintarse de alegría, para muchos despierta memorias, heridas o sillas vacías. Y está bien. Llorar también es una forma de amar. La esperanza no cancela el dolor; lo acompaña.
Si este año te toca caminar entre luces y sombras, quiero recordarte algo: no estás solo. Hay belleza aún en lo frágil. Hay vida aún en lo que parece detenido. Y siempre, siempre, hay un Dios que abraza incluso lo que nos cuesta sostener.
Forja nuevas tradiciones
A veces la Navidad nos invita a soltar lo que era, y a crear algo nuevo.
- Escribe una carta a alguien que amas.
- Reúne a tu familia para compartir un recuerdo significativo.
- Haz una oración sencilla antes de comenzar el día.
- Pregunta: “¿Qué agradezco hoy?” y permite que cada uno responda.
No importa lo que elijas. Lo importante es que se convierta en un punto de conexión, en una forma de decir “te veo”, “te escucho”, “me importas”.
Un llamado al corazón
Si hoy estás fuerte, sé apoyo.
Si estás cansado, descansa en Dios.
Si estás lleno de ilusiones, compártelas.
Si tienes el corazón apretado, suéltalo, llora y deja que el amor te encuentre donde estás.
Que en esta Navidad podamos volver a lo esencial: amarnos sin prisas, agradecer sin reservas y acompañarnos con intención. Que cada hogar encuentre luz, paz y nuevos comienzos.
Porque al final, las tradiciones cambian, los años pasan, pero algo permanece: la familia es un regalo, y la vida se sostiene mejor cuando la compartimos.
