por Raquel López
Hoy acompañé a un chico espectacular que se ha robado nuestros corazones en el salón sensorial de la iglesia. Allí solo había música instrumental bien bajita. No había multitudes ni programa. Había un silencio al que no estoy muy acostumbrada. Afuera el culto seguía su ritmo normal: la música, las voces, el movimiento, pero dentro de ese pequeño espacio todo era distinto.
El proceso comenzó directo en el trampolín. Estuvo unos minutos en su propio ritmo, saltando, regulando su cuerpo. Luego empezamos a intercambiar algunas palabras y poco a poco su cuerpo comenzó a bajar el ritmo. De repente se levantó y caminó directo hacia la cruz. Se sentó frente a ella y la miró en silencio. La respiración se calmó. Sus manos tocaron la cruz. Es una cruz sencilla a la que le añadimos textura para que los niños puedan sentirla con sus manos. No es una cruz decorativa, es una cruz para tocar. Entonces hice una oración que ya forma parte de nuestra pequeña rutina en ese espacio.
Mientras estaba allí pensé en la imagen que Jesús nos dejó del pastor que deja las noventa y nueve ovejas para buscar a la que se perdió. A veces interpretamos esa historia como si las noventa y nueve quedaran abandonadas, pero hoy la vi de otra manera. Las noventa y nueve también viven con la seguridad de que su pastor es capaz de detenerse por una sola. Y hoy, en ese salón pequeño, vi el evangelio ocurriendo delante de mis ojos.
Ese chico no recibió un programa ni una actividad espectacular, recibió algo más profundo. Recibió el mensaje más importante que un niño puede experimentar: tu vida importa y no estás solo. Mientras lo acompañaba repetí en silencio las palabras del Salmo 23: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.”
Después de unos quince minutos en ese proceso, se levantó y caminó hacia el salón con el resto de los niños. Gloria a Dios en las alturas. Me convertí en testigo de un evangelio poderoso. Con estos niños y adolescentes, cada domingo que sirvo vuelvo a aprender algo que a veces olvidamos: lo sencillo, lo simple, lo que realmente es el reino de Dios. No lo que se circunscribe únicamente a los rituales que nos gustan a unos cuantos, sino ese evangelio que se manifiesta cuando alguien se detiene por una sola oveja.
Y nuevamente hoy el Señor me recuerda algo muy personal: que vuelva a tomar mi propia cruz y le siga.
#DelosTales
