Ya todo pasará


Me conecto por zoom, fb live, facetime, whatsapp, textos, llamadas, instagram, youtube, skype, pero, 20 días sin besos ni abrazos son suficientes para darme cuenta de lo vulnerable y frágiles que somos. Mi familia inmediata y el espíritu de Dios me sostienen… mi casa se ha convertido en el único santuario.

Aquí vamos renovándonos en amor, paciencia y prudencia. Pasan los días y comenzamos a encontrar quietud y calma. Al parecer comenzamos a despertar de un sueño para aceptar que estamos en medio de una crisis sin precedentes. Entonces mi comedor y sala comenzaron a ser un templo de transmisión de esperanza.

La oficina un lugar de producción. Ahora cada llamada es un espacio de necesidad para conectar. Los zoom un lugar para escuchar, ver y profundizar. Los facetimes para sentir. Y publicar por facebook una expresión de mi alma abatida y dependiente de la gracia de Dios.

El huracán María me hizo salir de mi casa por 3 meses, los temblores me enseñaron a trazar rutas de desalojo ante un potencial Tsunami… pero esta pandemia… Nos encerró, nos secuestró, nos condenó a una distancia, nos sentenció a un arresto domiciliario.Nos hizo mirar lo que somos. Nos llevó a lo más profundo. Nos hizo recordar en donde todo comenzó.Nos regresó nuevamente a ir a la cruz.

Y allí vamos… llegando a una Semana Santa carente de abrazos pero LLENA de la presencia de Dios. Me hace falta abrazar, pero ahora estar encerrada en mi propio Templo es mi mayor acto de adoración. Ya todo pasará.

Photo by Brett Sayles on Pexels.com

Deja un comentario