Raquel López
Ya estamos en más de la mitad del año y a estas alturas uno comienza a sentir el camino recorrido. Esta mañana, mientras leía la Biblia y meditaba, se me vino una imagen muy clara, quizás porque estoy por retomar mis ejercicios después de una de esas pausas que tienes que hacer porque toca. Pensé en correr.
Hebreos 12:1 habla de correr “con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Y recordé algo muy sencillo de correr: hay un ritmo en el que puedes correr y conversar con la persona que tienes al lado. En el running se habla mucho del pace, ese ritmo que llevas durante la carrera. Hay un pace que puedes sostener y que todavía te permite hablar. Pero si el corazón va demasiado acelerado, puedes continuar, pero hablar se hace difícil porque no te da el aire.
En eso pensé en mi ritmo, porque uno puede trabajar, cumplir con las responsabilidades y hacer todo lo que forma parte de la vida, pero ¿a qué ritmo?
Y justo estaba leyendo Mateo 6:33: “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten” (NTV). Pensé que quizás buscar primeramente su Reino también tiene que ver con encontrar un ritmo que me permita conversar con Dios mientras avanzo.
En una conversación no solamente se habla; también hay que aprender a escuchar, y eso requiere práctica. A veces me doy cuenta de que no es que Dios no esté hablando, es que yo voy a un ritmo en el que se me hace difícil escucharlo.
Ahora mismo estoy por regresar a correr y sé que físicamente no puedo comenzar al mismo ritmo que tenía antes. Me toca construir nuevamente la condición, poco a poco. Encontrar mi paso, aprender otra vez a respirar y llegar a ese punto donde pueda correr sin que el corazón vaya tan acelerado que no me permita conversar.
Me parece que con Dios puede pasar algo parecido. No quiero mirar esto desde la culpa religiosa. A veces nuestro entorno nos hace pensar que si perdimos una rutina o cambiamos el ritmo estamos desconectados de Dios. Yo prefiero pensar que hay temporadas en las que toca revisar cómo estamos corriendo.
Dios sigue ahí y quizás lo que necesito es ajustar mi ritmo para poder escucharlo mejor. Correr la carrera que tengo por delante, como dice Hebreos y hacerlo con paciencia, con intención y con la mirada puesta primero en su Reino.
Encontrar ese pace en el que pueda avanzar y todavía tenga aire para conversar con quien va a mi lado. Correr la carrera que tengo por delante, pero con paciencia y con la mirada puesta primero en su Reino. Encontrar ese pace que me permita avanzar sin perder la conversación con quien va a mi lado.
Quizás hoy también vale la pena preguntarte: ¿a qué ritmo estás corriendo? ¿Tu pace todavía te permite escuchar a Dios y conversar con Él, o es tiempo de ajustar un poco el paso?
